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04
06
2019

Grandes Artistas Marciales: Nicolino Locche “El Intocable”

En este post de nuestra serie “Grandes Artistas Marciales” os queremos presentar a un boxeador único que puede ser considerado, siempre desde una perspectiva subjetiva, el candidato número 1 a mejor boxeador defensivo de todos los tiempos: el mago argentino Nicolino Locche “el Intocable”. Un boxeador que destacó en una época dorada del boxeo codeando y discutiendo al mismo Muhammad Ali el título de mejor entre los mejores en el corazón de loa aficionados mundiales de este deporte. Incluso existe una leyenda que cuenta que la estrategia que permitió la victoria de Ali en el famoso “Rumble in the Jungle” está ideada copiando el estilo defensivo del brujo mendocino…quien sabe, pero solo estos rumores son “Palabras Mayores con mayúscula”.

Nicolino nació un 2 de septiembre en la ciudad argentina de Mendoza. A los ocho años su madre decidió que necesitaba hacer algo para que su inquieto hijo dejara de callejear y tomara algún tipo de disciplina que lo ayudara aunque fuera un poco a querer “estudiar” El destino quiso que el niño mendocino se metiera en problemas con una banda de jóvenes de su barrio y esto lo llevo a ingresar en el gimnasio Mocoroa dirigido por Paco Bermúdez, y ahí empezó la carrera de un campeón que se alzaría con el título mundial de boxeo sin querer pegar a sus adversarios, reinando en un deporte que premiaba la violencia y la agresividad con un estilo totalmente contrario.

A Locche no le gustaba estudiar, no le gustaba entrenar, no le gustaba pegar y sobretodo no le gustaba que le pegasen asique fue desarrollando poco a poco un don único contrario a toda lógica de este deporte: se recostaba en las cuerdas invitando a su contrincante a que le pegase y entonces desplegaba su magia : amagaba, esquivaba, bloqueaba, desviaba y paraba golpes en el aire y miraba hipnóticamente a sus rivales retándolos mientras entraba en complicidad espiritual con su público, de una forma tan sublime que incluso le permitía escuchar y tener conversaciones con los asistentes. Solo pensar que alguien que se está jugando el tipo en un cuadrilátero tenga unas palabras para las primeras filas contestando sus comentarios mientras esquiva golpes de un rival enfurecido daría para una película de Hollywood, pues esto ocurría en los combates de Nicolino durante toda su carrera.

Este niño irresponsable, glotón, alegre y de buen corazón que adoraba la pura vida siguió creciendo deportivamente a pesar de ser(como el mismo se definía) un vago y empezó a congregar a numeroso público mendocino a sus combates que deliraban de placer con la sonrisa y la picardía del joven boxeador sobre el ring hasta que después de ganar el título nacional a Juan Manuel Giné (que llevaba invicto 6 años tras 86 combates) lo llevó a que los promotores pugilísticos argentinos más importantes de la década decidieran llevarlo a Buenos Aires para combatir en un estadio que por aquel entonces rivalizaba en prestigio con el propio Madison Square Garden de New York : el mítico Luna Park.

Y es aquí donde Nicolino se convirtió en la figura de leyenda que es hoy en día, gracias a su estilo tanto dentro como fuera del ring. Un estilo que al principio no gustó pero que acabó enamorando al público hasta niveles espirituales. Si Locche peleaba en el Luna Park, ese sábado una gran fiesta recorría las calles de la ciudad que se paralizaba hasta el extremo que
“Total esta noche, minga de yirar, si hoy pelea Locche en el Luna Park”, señala un pasaje del tango “Un sábado más”, de Chico Novarro, que inmortalizó su nombre y la alegría que llenaba el corazón de los argentinos con su estilo chaplinesco sobre el ring. Y qué decir de la vida de Nicolino fuera de las cuerdas, era fumador, bebedor, propenso a la glotonería si acaso comía, mujeriego, derrochador, trasnochador, a fin de cuentas, un prototipo del galán bohemio de aquellos años de cabaret de la capital argentina.

Así todo su talento era tan grande que ganaba sus combates de una forma tan magistral que el 29 de junio de 1963 el periodista de “El Gráfico” Piri García lo bautizo con el apodo que lo acompañaría el resto de su vida: “El Intocable” después de que el brasileño Sebastiao do Nascimento lo buscó 15 asaltos por el cuadrilátero sin poder aplicarle un solo golpe, ganando Nicolino el título sudamericano de Peso Ligero. Había nacido una estrella y desde ese día el “Luna Park” empezó a llenarse de bellas mujeres que fumaban e impregnaban el aroma del gran estadio de perfume de Chanel.

El 12 de diciembre de 1968 llega al auge de su carrera deportiva y se consagra campeón mundial venciendo a Takeshi Fuji en Tokio, Japón. Esa pelea con Fuji fue una auténtica obra del arte del boxeo. El japonés, un hombre considerado un superhéroe y el ídolo guerrero del País del Sol Naciente, entonces campeón con un estilo agresivo de “puro kamikaze samurái” y una pegada terrible contra el campeón argentino vividor y con pintas de Charlie Chaplin; pero con la mejor defensa que ha existido nunca.
Fue una exhibición brutal, nueve rounds en los que Nicolino esquivaba todo lo que tiraba su oponente, al tiempo que golpeaba con precisión quirúrgica los puntos débiles de su adversario, hasta destruirlo sicológica y físicamente. Este castigo sutil, pero muy poderoso, acabo obligando al japonés nacido en Hawái a quedarse en su esquina y no salir en el décimo round humillado y totalmente cegado. Esto supuso el título mundial de Peso Ligero para el genio mendocino y un convulso golpe al boxeo nipón, que se hundió durante décadas cuando soñaban precisamente con dominar los deportes de combate.

Locche demostró esa noche que podía hacer todo lo que quisiera sobre el ring: divertirse como lo hacía en Buenos Aires ganado al mismo tiempo un campeonato del mundo (esta fue la única vez en toda su carrera deportiva en la que Nicolino entrenó como un boxeador profesional gracias a la picaresca de Paco Bermúdez que obligó al mendocino a viajar un mes antes del combate a Japón para que Locche no se diera a la mala vida).
La leyenda mundial de Nicolino perduraría para siempre cuando miles de bocas gritaron en Tokio: “¡Nisei!, ¡nisei!” (maestro en japonés) rendidas y admiradas ante la mayor cátedra de boxeo dada por aquel coloso del ring,  capaz de estar fumando y tomándose un whisky mientras le vendaban los puños en el vestuario. (el mejor combate de boxeo defensivo de todos los tiempos por un campeonato del mundo, que se dice pronto).

Defendió su título seis veces: ante Manuel Jack Hernández, Carlos Hernández, João Henrique, Adolph Pruitt, Antonio Cervantes y Domingo Barrera Corpas, pero el 10 de marzo de 1972 perdió la corona por puntos en Panamá contra Alfonzo Frazer, ya sin estar bajo la tutela de Paco Bermúdez e inmerso en la pura vida cabaretera, en un deplorable estado físico con sus reflejos mermados por el consumo excesivo de alcohol, tabaco y falta de horas de sueño y descanso. Un año después intentó recuperarla sin éxito y decidió retirarse en 1976. Después llegaron años de vida licenciosa en los que gastó todo su dinero en ruinosos intentos empresariales y en la vida nocturna y lúdica que tanto le gustaba.

El 7 de septiembre de 2005 falleció Nicolino Locche “El Intocable”, uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos con una personalidad carismática que trajo la alegría y el descaro a un deporte dominado por la violencia y la agresividad, un deportista de leyenda que ha inspirado tangos, con lo que eso significa.
A continuación, os dejamos un imprescindible y excelente documental de ESPN en español que narra la vida de esta figura de leyenda que nos transporta a un mundo donde la épica del boxeo se mezclaba con el puro glamour y la vida nocturna.

Comment
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Gerard Borrego

¡Caray! Que viva la concha de su madre, como diría un argentino. Qué bueno era esquivando, qué reflejos! Y que impotencia debía provocar en sus adversarios cuando no atinaban a darle . Genial descubrimiento Rubén.

fightadmin

Un mago de téncica pugilística y reflejos Nicolino y toda una figura de cuando el deporte era pura épica y no solo negocio. La verdad que un combate con el destruía a sus adversarios a todos los niveles porque con esta técnica si te quería hacer daño te podía meter manos por todos lados sin que supieras desde donde y si ya te veías impotente sin poder pegarle imaginate si el empezaba a conectar “avispazos”

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